¿Qué pasa si la insulina es alta?

Durante los últimos años, nuevos estudios nos han proporcionado mucha información sobre la expectativa de vida, la salud en general y la relación que ambas tienen con la insulina. Ahora sabemos que una alta cantidad de insulina favorece la aparición de enfermedades y acelera el envejecimiento prematuro. Por esta razón, muchas dietas se proponen reducir la insulina en nuestro cuerpo. Sin embargo, es importante tener en cuenta que siempre hay dos caras en una moneda, y existen situaciones en las que debemos ser más cuidadosos y evitar dietas hiperrestrictivas, como la cetogénica o la carnívora.

El efecto de tener la insulina alta en el cuerpo es un tema complejo con implicaciones significativas para la salud. La insulina es una hormona producida por el páncreas que permite que las células del cuerpo utilicen la glucosa (azúcar) procedente de los carbohidratos en la alimentación para obtener energía o almacenarla para futuro uso. Cuando los niveles de insulina en la sangre son crónicamente altos, se puede desarrollar una condición conocida como hiperinsulinemia, que puede tener varios efectos y riesgos asociados para la salud.

Efectos y Riesgos de la Insulina Alta

Resistencia a la insulina: La exposición continua a niveles altos de insulina puede hacer que los tejidos del cuerpo se vuelvan menos sensibles a sus efectos, un estado conocido como resistencia a la insulina. Esto puede obligar al páncreas a producir aún más insulina para lograr el mismo efecto, creando un círculo vicioso.

Aumento de peso y obesidad: La insulina promueve la síntesis de grasas y inhibe la descomposición de las células grasas existentes. Por lo tanto, niveles altos de insulina pueden contribuir al almacenamiento de grasa corporal y al aumento de peso.

Diabetes tipo 2: La resistencia a la insulina es un precursor clave de la diabetes tipo 2. Con el tiempo, el páncreas puede agotarse e incapaz de producir suficiente insulina, lo que conduce a niveles altos de glucosa en la sangre.

Enfermedades cardiovasculares: La hiperinsulinemia está asociada con varios factores de riesgo para enfermedades cardiovasculares, incluyendo hipertensión, dislipidemia (niveles anormales de lípidos en la sangre), y aterosclerosis (endurecimiento de las arterias).

Síndrome de ovario poliquístico (SOP): La hiperinsulinemia juega un papel en el desarrollo del SOP, una condición hormonal que afecta a las mujeres y puede causar períodos irregulares, quistes en los ovarios, y dificultad para quedar embarazada.

Cáncer: Algunos estudios sugieren que niveles crónicamente altos de insulina pueden estar asociados con un mayor riesgo de ciertos tipos de cáncer, incluidos el de mama, colon y próstata, posiblemente debido a que la insulina puede promover el crecimiento celular.

Lo importante es tener un balance adecuado.  El problema viene cuando nuestros niveles de insulina son continuamente altos, o cuando generamos picos en momentos puntuales, como regla general mantener un nivel bajo, pero estable de nuestra insulina es la clave para vivir mejor. Es fundamental comprender quiénes deben ser más cautelosos con los niveles de insulina y quiénes deben reducirlos sin lugar a dudas (por ejemplo las personas con sobre pesos deberían de controlarla muchísimo, sin embargo los físico-culturistas necesitan favorecer sus niveles, para poder generar mas masa muscular). También es importante saber qué alimentos comer para disminuir la insulina (los de bajo índice glucémico) y la grasa corporal sin perjudicar a largo plazo nuestro organismo.

El problema principal de nuestros niveles anormales de insulina lo provoca principalmente nuestro tipo de vida actual, y sobre todo nuestro acceso a alimentos super sabrosos prácticamente en cualquier momento. A lo largo de la evolución humana, nuestra dieta no se basaba principalmente en carbohidratos, y mucho menos en los carbohidratos rápidos que ahora conocemos como tales. Hace muchos años no podías comerte una palmera de chocolate, o acabar tu comida con una riquísima tarta de queso. De hecho conseguir fruta era algo puntual, y por supuesto no hablemos de poder tomar «Chuches», pasteles, o cualquier otra comida ultra procesada cargada de azucares (carbohidratos).

En el pasado, era extremadamente improbable consumir una comida que elevara rápidamente el azúcar en sangre, simplemente porque los alimentos que provocan un aumento rápido de la glucemia no eran abundantes en la naturaleza. Sin embargo, en la actualidad hemos hecho que estos alimentos sean más accesibles. Si bien la mayoría de nosotros debe reducir el consumo de carbohidratos, especialmente azúcares, a veces mantener una insulina extremadamente baja dificulta ciertos procesos del cuerpo, ya que el equilibrio es importante tanto para el cortisol como para la insulina.

Durante los últimos años, tanto el cortisol como la insulina han sido vistos como perjudiciales para nuestra salud cuando están descontrolados, y es cierto que estas hormonas pueden ser extremadamente perjudiciales en ese caso. Sin embargo, al igual que con todo en la vida, se requiere un equilibrio. Tener demasiado cortisol y estrés arruinará nuestra calidad de vida, nos enfermará más y acumularemos más grasa. Por otro lado, no tener suficiente cortisol puede provocar problemas suprarrenales importantes. La misma lógica se aplica a la insulina: la mayoría de las personas tienen niveles excesivos debido a una mala alimentación, lo cual afecta su salud. Sin embargo, eso no significa que debamos eliminar por completo la insulina, ya que desempeña muchas funciones esenciales en nuestro organismo que no están exclusivamente relacionadas con los carbohidratos, por eso, es importante conocer estas funciones y analizar si debemos de tenerlas en cuenta en nuestra forma de vida

Funciones principales de la insulina

El metabolismo muscular. La insulina es crítica para tu metabolismo de proteínas en el músculo. Cumple funciones tanto anabólicas, que promueven la construcción de más músculo, como anti-catabólicas, que evitan la descomposición del músculo cuando se necesita obtener energía de otras fuentes. Estas dos funciones combinadas demuestran la importancia de la insulina tanto para el crecimiento como para la reparación del tejido muscular.  Además, la insulina ayuda a transportar los aminoácidos hacia el músculo. Los aminoácidos no te serán de mucha utilidad si no pueden ingresar al tejido muscular y convertirse en más proteínas para desarrollar y fortalecer tus músculos.

La función tiroidea. La glándula tiroidea produce hormonas que probablemente ya conoces y que afectan el metabolismo de prácticamente todas las células de tu cuerpo. La hormona T4, también conocida como tiroxina, se convierte en T3, que es más activa y eficaz para acelerar el metabolismo, aunque tiene una duración más corta. Por esta razón, la mayoría de las personas que toman hormonas tiroideas como medicación toman T4, que es una forma más estable. Este proceso de conversión de T4 a T3 requiere de selenio, pero también es estimulado por la insulina.

Restringir los carbohidratos de forma repentina, como al comenzar una dieta cetogénica después de haber estado acostumbrado/a a consumir pan tostado y mermelada, junto con una restricción calórica (es decir, consumir menos calorías de las necesarias para el funcionamiento adecuado de tu cuerpo) puede ser particularmente peligrosa:. En este caso, estos dos factores pueden dañar y sobrecargar tu glándula tiroides, lo cual es algo que debes tener en cuenta. Es recomendable abordar estos cambios de forma progresiva, por ejemplo comenzar la dieta cetogénica, pero manteniendo el nivel calórico mínimo.

La densidad ósea. La densidad ósea es algo que suele preocupar a todas las personas a medida que envejecen. Para que entiendas la relación entre la densidad ósea y la insulina, debes saber que existen células llamadas osteoblastos que se encargan de remineralizar el hueso produciendo cristales de hidroxiapatita. Cuanto más activas estén estas células, más hueso se producirá. Por otro lado, si hay menos actividad en estas células, la densidad ósea disminuirá a largo plazo. Aquí entra en juego un balance similar al de una cuenta bancaria: si ingresas más dinero del que retiras, el saldo total de tu cuenta bancaria aumenta. Pero si retiras más dinero del que ingresas, tendrás cada vez menos dinero en tu cuenta. Lo mismo sucede con la densidad ósea y la insulina. En este caso, la insulina es necesaria para el desarrollo de una mayor cantidad de osteoblastos, para su supervivencia y para la producción de colágeno, todos ellos elementos importantes para mantener una buena densidad ósea. En estos casos, donde la producción de colágeno se ve comprometida una buena opción seria la suplementación con colágeno exógeno, como  el Colageno de Sevens.

El sistema inmune. El sistema inmune está compuesto por diversas células, cada una con una función específica, como un ejército con diferentes armamentos y tropas. La insulina activa un tipo de células llamadas neutrófilos, que son tu primera línea de defensa y se encargan principalmente de la inmunidad natural. Pero los neutrófilos no solo cumplen esa función, también estimulan la actividad de células llamadas natural killers (NK por sus siglas en inglés), que se encargan de eliminar células infectadas o enfermas. Es importante tener en cuenta que en algunas enfermedades, si es posible, es beneficioso activar el sistema inmune. Sin embargo, en tu sistema inmune, la insulina también activa un linfocito llamado linfocito T , que junto con los linfocitos reguladores, son cruciales para prevenir enfermedades autoinmunes. Estas enfermedades se producen cuando el sistema inmune comienza a reaccionar contra componentes propios del cuerpo. Por lo tanto, la insulina desempeña un papel importante en la activación y regulación de diferentes células del sistema inmune, lo que contribuye a mantener un equilibrio y proteger tu organismo de enfermedades infecciosas y autoinmunes.

El sistema nervioso. La insulina es una de las sustancias que puede atravesar la barrera hematoencefálica, que protege tu cerebro de entrar en contacto con diferentes sustancias. En el cerebro, la insulina afecta al hipotálamo, donde regula la ingesta alimentaria. En condiciones ideales, la insulina nos ayuda a elegir una comida balanceada, ya que el hipotálamo cambia nuestros deseos alimenticios según nuestras necesidades nutricionales. Sin embargo, cuando consumimos demasiados carbohidratos y azúcares, se produce un desequilibrio en la insulina, lo que puede llevar a resistencia a la insulina. Aunque bajar los niveles de insulina es generalmente antiinflamatorio en todas partes, tener niveles muy bajos de insulina en el cerebro puede aumentar la inflamación y la producción de citoquinas, que inflaman el tejido cerebral.

En algunos casos, se utiliza la insulina intranasal para tratar estas situaciones inflamatorias cerebrales. Además, se ha observado que la presencia de insulina en el cerebro interactúa con neurotransmisores como la dopamina, la serotonina y la melatonina, lo que puede cambiar la actividad cerebral, el comportamiento y reducir el estrés (cortisol). Esta reducción del cortisol cuando los niveles de insulina aumentan es una de las razones por las que las personas tienden a consumir altas cantidades de carbohidratos en momentos de estrés o ansiedad.   La insulina desempeña un papel importante en el cerebro al regular la ingesta alimentaria, modular la actividad cerebral y afectar el equilibrio de neurotransmisores. Su presencia adecuada contribuye a mantener un estado de bienestar y controlar los deseos y el estrés en diferentes situaciones.

Ahora que hemos mencionado todas las funciones, te estarás preguntando :

¿Quiénes tienen que bajar la insulina ?                                          

Si eres alguien que no tiene ninguno de los problemas mencionados anteriormente, hay situaciones en las que reducir la insulina es una buena idea. La primera razón es si tienes sobrepeso y quieres perder grasa. Tu cuerpo necesita bajar la insulina para utilizar las reservas de energía en forma de grasa.

La segunda razón para reducir la insulina es la longevidad y la prevención de enfermedades. Mantener niveles bajos de insulina puede ayudar a prevenir el envejecimiento prematuro y el daño celular causado por la fluctuación del azúcar en sangre, que genera inflamación y oxidación.

Una estrategia es practicar el ayuno intermitente, es decir, no comer durante varias horas, lo cual ayuda a reducir los niveles de insulina. Si no tienes sobrepeso pero tienes problemas relacionados con las acciones de la insulina mencionadas anteriormente, debes mantener un equilibrio con valores bajos pero no demasiado bajos. Para mantener un equilibrio de insulina sin excederte, se recomienda consumir una pequeña porción de tubérculos con un índice glucémico moderado, como el boniato, o una pequeña porción de frutos rojos por la noche.

Nunca debes aumentar tus niveles de insulina con azúcares rápidos, ya que esto te llevaría a excederte. Los alimentos con bajo o moderado índice glucémico, como frutos rojos y la mayoría de las verduras, son los más adecuados. Si a pesar de esto encuentras dificultades para mantener el equilibrio del azúcar en sangre y no tienes problemas digestivos ni intolerancias, puedes considerar tomar suplementos como la inulina, una fibra que ayuda a mantener el azúcar en sangre estable y, por lo tanto, también ayuda a mantener la insulina estable.

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